Psicología con perspectiva de género en el Centro ARPA en Granada

Las emociones existen en todos los seres humanos, para indicarnos qué sentimos ante las cosas que nos suceden, si son agradables o desagradables. Y esto implica una acción de acercamiento o alejamiento del objeto o persona que elicita esa emoción.

Pero es a través de la socialización de género como aprendemos que los hombres deben mostrar unas emociones y no otras, mientras que a las mujeres se les permite expresar otro abanico de emociones.

En los hombres se desapureba que expresen miedo o tristeza. Esto no quiere decir que los hombres no sean capaces de sentir estas emociones, sino que deben transformarlas para que «no se vean». Por lo que es más fácil expresar para ellos la cólera y la ira.

Es curioso que en los casos de violencia de género muchos hombres agredan o maten a sus parejas porque éstas quieren separarse. En estas situaciones se genera una crisis, y la emoción es la tristeza y el  miedo a la soledad, que se convierten en agresividad y violencia, emociones que pueden llevar a matar a sus parejas y a veces también a sus hijos/as. En ocasiones, terminan suicidándose porque no saben gestionar su mundo emocional.

En cambio la mujer no puede mostrar la ira, está mal visto que se enfade o proteste, y lo que se fomenta en las mujeres es el miedo. «Cuidado cuando vayas por la calle, no vayas sola de noche». «No te pongas faldas cortas de noche, te pueden agredir sexualmente si llamas la atención».

Se le permite que exprese tristeza ante una situación injusta, puede quejarse y llorar, pero nada de manifestar su cólera.

Se trata así de un proceso aprendido en el que se reprimen las emociones y se cambian por otras que están socialmente bien vistas por la sociedad según el género.

Como muestra de lo que decimos incorporamos los resultados de un estudio que se hizo tras el terremoto de 2017 en México, las mujeres presentaban depresiones y malestares corporales, en cambio los hombres recurrían al alcohol y a las drogas, creando situaciones de vilencia en su casa. Se realizaron visitas al lugar y se atendieron un promedio de 40 personas al día. Se observaron las diferencias en la sintomatología presentada de acuerdo con el género.

MUJERESHOMBRES
DepresiónEnojo
Dolores focalizados en diferentes partes del cuerpo; por ejemplo, sienten un nudo en la garganta, dolor en ele estómago, opresión en el pecho, dolor de cabeza, contracturas muscularesAumento de la ingesta de alcohol y otras sustancias tóxicas
Se sitúan en un rol de víctima que las hace más vulnerables a la violencia por parte del esposo o pareja sentimentalAumento de la violencia que se ve reflejada en la familia y en su contexto inmediato
Pueden hablar con mayor facilidad del acontecimiento traumáticoDificultad para hablar del acontecimiento traumático
Pueden identificar con mayor facilidad la tristezaDificultad para expresar la tristeza
Tienden a tejer lazos afectivos con otras mujeres de la comunidad donde socializan las vivencias ocurridas derivadas del evento traumáticoSe alejan de la familia biológica o nuclear. Cuando se reúnen con otros hombres, es para remover los recuerdos traumáticos. Sus puntos de encuentro suelen ser cantinas o lugares para ingerir alcohol y ahogar sus penas.

Así pues, al trabajar desde la perspectiva de género se trata de ver la relación que hay entre los síntomas que manifiestan y la vida de la persona, según las expectativas de género, las relaciones que se tienen, cómo son vividas y cómo expresan su malestar a través del cuerpo.

En la experiencia clínica, se observa que cuando la persona es consciente y va cambiando aspectos en su vida, disminuyen los síntomas físicos, se encuentran mejor y el médico que controla la medicación observa que ya no es necesaria la dosis, por lo que suelen plantear reducir paulatinamente la medicalización.

En consecuencia, vemos que las sintomatologías tienen una diferencia de género, al margen de otros aspectos como son cómo hemos aprendido a relacionarnos, a tratarnos, cómo manejamos el dinero, cómo creemos que hay que tratar y educar a los hijos e hijas, nuestro espacio personal, las amistades, ec.

Desde el Centro ARPA, con la perspectiva de género, ayudamos a la persona a entender los patrones que forman parte de los esquemas de vida de esa persona y que pueden estar relacionados con los problemas psicológicos, incluso físicos, que manifiesta. De tal manera que su toma de conciencia repercute en un nuevo comienzo en el que la persona se permite cuidarse a sí misma iniciando pequeñas acciones en la dirección en la que se encuentra la salud y el bienestar en su vida.

A menudo nos encontramos con personas que ya tienen muchos frentes abiertos, por lo que recomendamos pedir cita y no dejar que se acumulen los problemas psicológicos y físicos. Acuda a un profesional de la salud. En el Centro ARPA puede conseguir cita con un psicólogo o con un nutricionista a cualquier hora por este enlace de Doctoralia.

O si prefiere llamar por teléfono y pedir cita personalmente, tenemos un horario de atención personalizada de 13h a 15:30h en el 667835539.

Fuente: Fina Sanz (2022) La pareja un proyecto de amor. Segunda ed.