Entre tú y yo: Taller de lectura, por Ana María Ruiz Rivas

Taller: Entre tú y yo va la cosa. Hay muchos tús y muchos yos. Yo elijo cuál escuchar.

Entre tú y yo, una elección que hacer,
tantos «tús» y «yos», ¿a quién debo atender?
Cada voz un susurro, cada palabra un son,
pero yo elijo sabiamente, con el corazón.

En el mar de consejos, en el ruido sin fin,
busco la verdad que resuena, profunda dentro de mí.
No todas las voces merecen, mi tiempo y mi ser,
solo aquellas que me elevan, permito florecer.

Yo elijo la voz que guía, con amor y con luz,
la que en tiempos de duda, me lleva a la cruz.
Entre tú y yo, la conexión es real,
en la elección consciente, encuentro mi ideal.

Así que escucho atento, con intención y con fe,
a las voces que importan, a las que me hacen crecer.
Y en este diálogo interno, en este intercambio sutil,
encuentro mi camino, mi propósito, mi perfil.

Taller Entre Tú y Yo: Tenemos una parte de nosotros que construye y otra parte que destruye. Quiénes somos, es una cuestión a resolver para poder hallar el camino bajo mis pies.

En el sendero de la vida, dos fuerzas en pugna,
una construye sueños, la otra los derrumba.
Una erige puentes, la otra abre brechas,
una siembra flores, la otra las desecha.

¿Quién soy en este juego, el creador o destructor?
¿Soy el poeta que inspira, o el crítico censor?
La respuesta yace oculta, en mi ser interior,
en el silencio escucho, la voz del corazón.

Bajo mis pies el camino, se va formando al andar,
cada paso una elección, en este mar de azar.
Construir o destruir, la decisión es mía,
en cada acto, en cada palabra, se forja mi poesía.

Taller Entre Tú y Yo: Tengo el poder de hacerme feliz o infeliz. A través del otro me resulta más fácil. ¿Qué tendrá el otro que me inspira a darle todo y quedarme vacío?

En la danza de dar y recibir, un equilibrio sutil,
donde el alma se expresa, en un acto febril.
El otro es un espejo, donde me veo reflejado,
en sus ojos busco, lo que he anhelado.

Dar sin medida, un acto de amor,
pero cuidar de uno mismo, es de igual valor.
No hay que vaciarse, para llenar al otro,
en el dar y el recibir, ambos deben ser promotores.

La felicidad compartida, doblemente se siente,
pero la propia valía, no debe ser ausente.
Encontrar el balance, es la clave del arte,
para que al dar a otro, no nos dejemos de parte.

Un abrazo te doy, recibirlo espero. Un día sí y otro no. Cuando coincidamos. Es un plan sencillo, cuanto más sencillo mejor. A lo mejor si simplifico me irá mejor.

En la simplicidad, un tesoro escondido,
en lo sencillo, un corazón complacido.
Un abrazo, un gesto, un momento compartido,
en la vida simple, el amor es nutrido.

Un día sí, otro no, así fluye la vida,
en el encuentro casual, una alegría sentida.
Cuando coincidamos, en tiempo o espacio,
será el plan perfecto, sin ningún retraso.

La vida simplificada, despojada de exceso,
nos enseña que menos, a menudo es un beso.
Un suspiro en el viento, una risa bajo el sol,
en la simplicidad, encontramos el farol.

Así que abracemos la vida, con su ritmo sereno,
en la simplicidad, cada día es pleno.
Y en cada abrazo dado, en cada abrazo recibido,
encontramos la esencia, del amor compartido.

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