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La vesícula biliar es un pequeño órgano en forma de pera que se encuentra justo debajo del hígado en el lado derecho del abdomen.

Su función principal es almacenar y concentrar la bilis, un líquido amarillo-verdoso producido por el hígado. La bilis contiene sales biliares, agua, colesterol, lecitina y otros componentes, desempeñando un papel crucial en el proceso de digestión, especialmente en la digestión de las grasas.

La colecistectomía es la intervención quirúrgica consistente en la extracción de la vesícula biliar y es el método más común para tratar distintas patologías de este órgano. La intervención resuelve los síntomas típicos del cólico biliar en el 95% de los pacientes. Actualmente, en la mayor parte de las cirugías de la vesícula biliar se utilizan técnicas laparoscópicas, basadas en introducir en el abdomen, a través de 3 ó 4 pequeños orificios, un instrumental de tamaño reducido y una cámara. Por lo general, se opta por la colecistectomía laparoscópica cuando se prevé una cirugía sencilla.

Es importante destacar que, aunque la vesícula biliar tiene una función importante en la digestión, se puede vivir sin ella. En algunos casos, la vesícula biliar puede ser extirpada debido a problemas como cálculos biliares, y la bilis fluye directamente desde el hígado hacia el intestino delgado. La ausencia de la vesícula biliar generalmente no afecta significativamente la capacidad del cuerpo para digerir los alimentos, sin embargo, es posible que algunas personas experimenten cambios en la tolerancia a las grasas, y en algunos casos, se puede recomendar una dieta modificada después de la cirugía.

Algunos consejos dietéticos generales que pueden ser útiles después de la resección de la vesícula biliar son:

  • Introducción gradual de grasas: Después de la cirugía, es necesario introducir gradualmente grasas en su dieta para darle a su cuerpo tiempo para ajustarse a esta nueva situación. Es aconsejable comenzar con cantidades pequeñas y observar cómo son las digestiones.

  • Elección de grasas saludables: Opte por grasas saludables, como las que se encuentran en el aceite de oliva virgen extra, nueces, aguacates y pescado graso. Estas grasas son más fáciles de digerir por el sistema digestivo, recuerde en introducirlas de una forma gradual en su dieta.

  • Comer comidas más pequeñas y frecuentes: En lugar de grandes comidas, considere comer porciones más pequeñas con mayor frecuencia a lo largo del día. Esto puede ayudar a evitar la sobrecarga del sistema digestivo y realizar unas digestiones más eficientes.

  • Evitar grasas saturadas y trans: Reduzca la ingesta de grasas saturadas y grasas trans, ya que estas grasas pueden ser más difíciles de digerir. Limitar el consumo de alimentos fritos y productos ultraprocesados.

  • Aumentar la fibra: La fibra puede ayudar en la digestión y en la regularidad intestinal. Aumente gradualmente la ingesta de alimentos ricos en fibra, como; frutas, verduras y granos integrales.

  • Beber suficiente agua: Mantenerse bien hidratado es importante para la digestión y para evitar problemas digestivos.

  • Las primeras 24 horas: debes seguir una dieta blanda, preferentemente líquida y muy baja en grasas. Se puede consumir leche desnatada, zumos de frutas no cítricos y caldos de verdura o pollo a los que se elimine la grasa.
  • Al segundo día de la intervención: si el paciente ha tolerado bien los líquidos, se pueden introducir otros alimentos suaves. Por ejemplo, gelatinas, papilla de frutas, puré de verduras y diversos lácteos desnatados.
  • Para el tercer día: se puede iniciar una dieta blanda, siempre muy baja en grasas con hervidos de pescado blanco o carnes magras. También se puede agregar plan blando y seguir con los purés de verdura y lácteos libres de grasa.

Luego de esto se van incorporando poco a poco otros alimentos, siempre que la persona responda bien a los mismos. Es recomendable que la fuente de grasas sea vegetal, principalmente aceite de oliva.

Posteriormente, es conveniente evitar consumir alimentos muy ricos en grasas que no sean saludables. Así, deberías reducir el consumo de comida congelada, pizzas, carnes con alto contenido de grasa o alimentos procesados ricos en azúcares.

A partir de tu operación, darle preferencia a los lácteos desnatados así como frutas y vegetales que no causen flatulencia. Preferir aceites saludables, eliminar la cáscara a las legumbres antes de cocerlas y consumirlas y dar preferencia a las carnes magras.

Prepara tus alimentos a la plancha, vapor o hervidos, utilizando la menor cantidad de grasas posibles. Asimismo, es conveniente que tomes infusiones como las de manzanilla y alimentos ricos en fibra, como los cereales integrales.

Es crucial tener en cuenta que las necesidades dietéticas pueden variar entre las personas, y es recomendable trabajar en estrecha colaboración con un profesional de la salud, como un dietista-nutricionista, para adaptar la dieta según las necesidades individuales y garantizar una nutrición adecuada. Siempre es importante seguir las recomendaciones médicas específicas para su caso después de la cirugía.

Fuente: Organización Mundial de la Salud